En el año 2010 apareció en la revista de marxista “Optimismo de la voluntad” editada en el barrio de Boedo por un grupo universitario militante de la facultad de Psicología, este artículo polémico sobre la estructura del partido leninista y sus consecuencias. Lo reproducimos ahora en este blog como parte del debate sobre las estructuras organizativas que intentan promover el cambio social:
El GOM y la hipoacusia partidaria (la irreformable estructura del leninismo).
El GOM era un grupo de opinión, una de las posibilidades de “expresión” dentro de la “democracia interna” del Movimiento Al Socialismo. Las comillas aparecen porque si alguna de estas palabras hubieran tenido sentido, esta historia no hubiera sucedido. El GOM publicó, no sin las consabidas chicanas y dilaciones, el documento que acompaña estas líneas en un boletín de discusión para el Congreso partidario, que culminó en el estallido del MAS en el año 91. Pero antes del documento conviene hablar de sus autores. El grupo lo conformaban militantes de la regional capital, miembros de comisiones de propaganda e insertos en dos frentes sindicales (estatales y sanidad privada), casi todos eran o habían sido delegados de base, delegados generales, incluso el secretario general adjunto de la lista naranja de sanidad. Ninguno era o había sido un militante profesional (rentado) del partido salvo en algún breve y excepcional período.
Lo original del documento presentado era su carácter consecuentemente enemigo del aparato partidario. A 85 años del ¿Qué hacer? El documento planteaba aplicarlo a ultranza o abandonarlo. El resultado fue que sus integrantes abandonaron el partido (años antes que Vilma Ripoll apoye a los patrones del campo pero en la seguridad que tarde o temprano se llegarían a esas ignominias)
En el año 91 algo había pasado en el mundo y en Argentina. La URSS disuelta y los países del socialismo estalinista virando al capitalismo, el partido trosquista numéricamente más grande del momento envuelto en una crisis terminal y el peronismo retornado al gobierno y aplicando una política de liquidación de conquistas sin atenuantes ni oposición. Se quemaban los libros, y el GOM no hizo el mínimo intento por apagar el fuego.
El texto se sirve de la terminología y la tradición morenista pero incuba su muerte: el fin del partido de militantes profesionales. Obviamente que el destino de semejante propuesta no podía ser otra que la salida del partido (organización de profesionales de la revolución).
Lo interesante es que el documento no fue leído, ya que lejos de la proclamada democracia interna, como toda burocracia, la del partido trosquista estaba interesada en la rosca y los sillones.
Tiempo después algunos de los miembros de ese CC discuten con Holloway algunas de las cosas que ni siquiera leyeron hace 20 años. Eso no conlleva menoscabo hacia estas aperturas, sino que confirman la estructura mental cerrada que el partido de militantes profesionales dueños de la verdad genera. Guardianes de la tradición en lugar de buscadores de nuevas rutas a la revolución.
El GOM no propuso en ese momento lo que hoy se discute retomando el legado anarquista y las novedades que acercó el zapatismo mexicano, sino que proponía ir hasta el final con la democracia partidaria, esa democracia que se constituye en la zanahoria en la punta del palo que sustentaba la obediente actividad, Y si no se podía revolucionar un partido enfermo, había que irse afuera de la estructura partidaria (de esa y de cualquiera similar ya que justamente era esa estructura y no tal o cual línea la que se cuestionaba). La propuesta de una revolución partidaria
El GOM analizó certeramente la estructura del partido: “Las presiones sociales se vieron concentradas en el aparato partidario y lo fueron empujando hacia fines distintos a los del partido y la clase, desarrollando el aspecto negativo de su doble carácter. La relación de la dirección con el aparato, fue desplazando la relación de la misma con la base. Así la dirección orientó el desarrollo del aparato hacia la sustitución de las tareas del conjunto del partido. Ante la ausencia de dirigentes obreros probados desarrolló la Comisión Sindical; ante la despolitización de la vanguardia desarrolló la Comisión de Propaganda; ante la dificultad de obtener numerosas cotizaciones obreras porque no estábamos en las estructuras a fondo, desarrolló la Comisión de Finanzas. Con estas Comisiones se fue sustituyendo el conjunto de las tareas de los cuadros y los militantes y se rompió el régimen centralista democrático alejando cada vez más a la dirección de la base y por lo tanto de la clase.
Pero el aparato no son solamente los full-time-/ las comisiones especiales, sino también el manejo de los ingresos y las finanzas. El control de la base sobre el aparato se basa fundamentalmente en que es la base a través de su actividad militante cotidiana en la clase, la que lo sostiene financieramente. Es este control el que garantiza una línea y una política ajustada a las necesidades y realidad de la clase. Lenin afirmaba que un periódico obrero sostenido con centenares de pequeñas cotizaciones obreras era cualitativamente distinto a uno al cual cotizaran una decena de pequeñoburgueses o intelectuales. El primero estará obligado a dar respuestas a estos cientos de obreros; el segundo no.
En el caso de nuestro partido, los aportes extraordinarios que empezaban a ocupar un espacio cada vez mayor en las finanzas partidarias pegaron un salto con la conquista de las bancas parlamentarias en el ’89, deformando a tal punto el control político de las finanzas que han independizado al aparato del resto del partido. Si a Lenin le preocupaban una decena de fuertes cotizaciones pequeñoburguesas, imaginemos qué diría de la sustitución de tal vez, miles de cotizaciones obreras, por dietas parlamentarias abonadas por el régimen burgués y otras cotizaciones especiales. Hay que sacar estas profundas conclusiones cuando la DN nos dice: “Los ingresos que mantuvieron funcionando a la DN y el aparato central no eran esencialmente producto del trabajo político del partido, los aportes regulares y el cobro del periódico, sino el producto de cotizaciones especiales o campañas financieras. (…) Esta ha sido una de las razones que provocó que la DN montada en un aparato que se alimenta por sí mismo se alejara cada vez más de las actividades cotidianas del partido y de la lucha de clases. El aparato de la burocracia sindical escapa al control de la base con los descuentos compulsivos, el del partido escapa mediante la autofinanciación”.
El GOM veía el problema en quienes dirigían el partido pero no en casos personales sino en una crítica radical al partido leninista, en el que: “Esta dirección se ha formado y desarrollado como tal, fundamentalmente al interior del partido, en tareas internas del aparato y no en las luchas obreras. Los años que cada uno de sus cuadros lleva como full-time suman mucho más que los que ha tenido de estructuración obrera. Este elemento se ha transformado hoy en el esencial en relación a las causas sociales de la crisis: la vieja DN es parte integrante de ese aparato autofinanciado y por lo tanto ajeno a la base y a la clase. Estos compañeros hace 10, 15, 20 años que son full-time en el aparato a expensas de la organización, lo cual en sí mismo constituye un privilegio en relación al resto del partido y al conjunto de la clase. No estamos hablando de una casta enriquecida a costa del partido, sino de una situación privilegiada objetivamente distinta a la de cualquier trabajador que milita: no fichan tarjeta, no tienen patrón ni capataz, no los amenaza el riesgo permanente del despido, viven haciendo lo que les gusta, y rodeados de compañeros que también quieren y militan por la revolución. No dudamos de su abnegación militante, pero su actividad es menos sufrida que la del trabajador que la desarrolla bajo la férrea dictadura de la fábrica o que se reúne en el local después de 8, 10 hs de explotación”.
Lo que transformaba a los militantes en activistas erráticos era seguir las directivas de unos dirigentes que: “Han rechazado y resistido todo lo que iba contra su “imagen”, o sea contra su jerarquía de dirigente, y por lo tanto contra su situación de privilegio. No estamos planteando una cuestión de método, ni de disciplina a los organismos, sino un profundo problema objetivo: sólo su pertenencia al aparato puede explicar que cuadros que han orientado y escrito centenares de programa sindicales planteando el regreso periódico a la base contra la presión de los aparatos no hayan visto el mismo problema en el interior del partido y actuado en consecuencia”.
La tarea propuesta era ser consecuentes con el programa de transición y las tesis de la revolución permanente, al fin y al cabo se trata de un partido trosquista. Por eso sin llegar a vislumbrar la cortedad de miras que significaba seguir reivindicando un programa que la realidad desmentía y unos criterios de clase que la realidad mostraba como imposibles, el Grupo atacaba lo que sí veía como un absoluto impedimento: el aparato y sus dirigentes: “Esta reubicación social del partido debe acompañarse de un ataque frontal al aparato en el cual se concentraron y consolidaron todas las presiones. Esto significa destruir el aparato actual del partido y crear uno nuevo, al servicio de la clase y de la revolución. Las finanzas son el primer problema: un aparato que se autofinancia no es nuestro aparato. Queremos un aparato cuyas finanzas ordinarias sean el producto exclusivo de las cotizaciones y la venta del periódico. Queremos un partido basado en militantes profesionales, en militantes que dedican su vida a la revolución, sean full time o no. Los full-time del partido deben considerarse en el sentido que planteaba Lenin: sacar de las fábricas a aquellos obreros que “prometan” para darles la formación integral que requiere la revolución, y no para tener militantes que desarrollen unilateralmente alguna capacidad durante todo el día, como fue la política de nuestra última etapa. Los militantes que trabajen en tareas administrativas del aparato deben rotar, volviendo periódicamente a trabajar en un medio social “normal”. El aparato central debe reducirse al mínimo indispensable delegando la mayor cantidad de responsabilidades en las regionales, y mantener el criterio de un full-time cada 100 militantes, que lejos de ser una medida administrativa, es el control político necesario para garantizar que el crecimiento del aparato guarde una relación con el crecimiento de la base militante”
Finalmente el germen de la disolución estructural estaba planteado en esta única tarea central: “Rechazamos un plan gradual de reformas y afirmamos que toda la vieja DN debe ir a trabajar y dejar de dirigir. Esta es la “revolución” que el aparato y el partido necesitan yla DN “no sabe bien” como encarar”
El GOM afirmaba todavía entonces que “El bolchevismo está directamente relacionado con la estructura de clase, sus equipos son análogos a las comisiones internas, su régimen centralista democrático responde a las necesidades de la lucha de la clase obrera. En cambio la tendencia de los individuos dispersos es al movimientismo bonapartista como forma de lucha y organización”. No podía entrever desde dentro de la estructura partidaria que esa estructura y el bonapartismo no eran enemigos sino progenitores uno de otro.
¿Por qué el texto cuestiona la estructura militante y no el programa de transición y la teoría de la revolución permanente con todas sus predicciones erradas? Porque está escrito por militantes y los militantes escriben para la acción. En ese momento el grupo no podía elaborar un texto teórico sobre el marco teórico que proporcionaba el trosquismo. Pero podía medir la funcionalidad de la herramienta, y si la herramienta caducaba, consecuentemente la teoría también. Si no hay tornillos no funcionan los destornilladores. Pero hay algo más, un aparato de estas características impide pensar, no es hasta luego de quedar a la intemperie del aparato que se hace el lugar para nuevas preguntas.
El Frente de Izquierda, tuvo en octubre los mismos candidatos que postula hace 28 años y su campaña se centró en conseguir los votos para acceder al parlamento burgués, ambas situaciones que violentan la necesaria rotación en los cargos y la promoción de la desconfianza en los mecanismos del parlamentarismo burgués. El FIT demuestra en tiempo presente que es la estructura del partido leninista la que impide pensar gracias a una mezcla de asimetría, jerarquías, tradición y teleología: Al interior de los partidos hay diferencias de poder y saber, que se reproducen en forma de jerarquías apoyadas en una tradición inexpugnable (ningún fracaso en lo real conmueve a un bolchevique que “sabe” que la historia marcha a su favor). Tan profundo es el efecto de la estructura leninista, que los ex MAS que hoy leen a Holloway tuvieron que esperar a escuchar por boca de un catedrático anglosajón algo que mucho antes les habían sugerido sus militantes criollos.
Un pequeño texto extraído del comienzo de un libro de Andrés Romero, importante dirigente del MAS en el 91, lo aclara más. Dice Romero: “La implosión del “campo socialista” y la restauración capitalista en lo que desde el trotskismo considerábamos “Estados Obreros”, el acelerado agotamiento de los movimientos de liberación nacional en el llamado “Tercer Mundo”, las sucesivas derrotas del movimiento obrero organizado y los partidos de izquierda tanto en los países centrales como en la periferia y, más directamente, la crisis que en los años noventa estalló y desmanteló al MAS en el momento mismo en que aparecía como la organización más fuerte y dinámica de la izquierda argentina, fueron una seguidilla de acontecimientos imposibles de interpretar sin recuperar una capacidad autocrítica a la que se oponía la inercia de estructuras partidarias incapaces de autocuestionarse. Luego, la irrupción popular del 19 y 20 de diciembre de 2001, la crisis orgánica abierta en el país y la necesidad de participar activamente en el nuevo ciclo que se iniciaba me alejaron definitivamente de lo que había pasado a denominarse “nuevo MAS” al tiempo que impostaba una ortodoxia paradójicamente reñida con lo mejor de la tradición trotskista.
Más en general, diría que la rebelión popular me empujó a alejarme de la forma Partido (especialmente de su variante más difundida en la extrema izquierda, la sectaria) y también de ese “marxismo de derecha” que “se caracteriza por su adoración del pasado, considera a la teoría marxista completa y autoreferente, su actitud es defensiva antes que creativa y propositiva y, finalmente, es intransigente” (Acha, 2008: 144).
Queda claro como mencionamos al comienzo que la estructura partidaria “estamental” conlleva una sordera congénita. Que no permite pensar sino alabar y obedecer. Que genera (y aunque Romero no lo menciona es el eje de este texto) un menosprecio tácito por los inferiores en la jerarquía partidaria, e incluye teatrales mostraciones de seudo democracia para ocultarlo. El análisis del doble rasero aplicado a los dirigentes del MAS (y del cualquier estructura “leninista”) es una deuda pendiente para la camada que tome el relevo. Nosotros aportamos una tesis aún no desmentida: los pequeños (pero reales) privilegios de índole material y simbólica que estas estructuras generan. En la despedida del histórico dirigente del trosquismo morenista, Ernesto González, Nora Ciapone, otra dirigente histórica, dijo, entre otras cosas: “Porque Ernesto estuvo muy lejos de sentirse, actuar o vivir como alguien distinto a los trabajadores” A confesión de parte, relevo de pruebas, si eso puede ser mencionado como un mérito es, precisamente, porque es excepcional.
El menosprecio de otras opiniones es el cemento vertical de los partidos porque marca la diferencia entre los “dirigentes” y “la base”. Probablemente es tributaria de las románticas ideas burguesas de heroicidad, excepcionalidad e irrepetibilidad. Si la novela biográfica es una cumbre de la cultura burguesa, los partidos leninistas (con su sordera al militante común y a la producción colectiva) se esmeran dar tela para producir nuevas biografías edificantes.
El gran hombre, el dirigente, el “lucha toda la vida” parafraseando a Brecht, adquiere en las gnoseología leninista una relación privilegiada con la verdad: nunca se equivoca. O sí. Pero no lo puede reconocer, porque aunque no sean millonarios como Pedraza, como dice Gamerro: “Cuando te lamen la suela del mocasín da lo mismo que sea Gucci o Guido”