El psicoanálisis nació al prestar atención al detalle, al error, a la insignificancia. De manera que es congruente acercarse a las declaraciones públicas de sus líderes bajo esa perspectiva. El sábado 26 de mayo salió publicado en la revista Ñ un reportaje a Jaques-Alain Miller, bajo el título: “Entrevista con el psicoanalista francés Jaques-Alain Miller, albacea de los textos y archivos de Lacan”. Albacea no es equivalente a discípulo, es un término ligado a la herencia en el sentido más llanamente económico de la misma. Así podemos decir que el yerno de Lacan se presenta como el que administra negocios familiares.

En la nota dice que el albacea de Lacan anuncia El desorden de lo real como tema del IX Congreso de la Asociación Mundial de Psicoanálisis. Lo real, en términos lacanianos, es “al contrario de las representaciones simbólicas que se mueven, lo que queda en su lugar”. Lo real no puede desordenarse, puede hacerlo nuestra percepción del mismo. Para colocarlo en términos concretos, si desapareciera el planeta tierra, desaparecería el orden simbólico del que los seres humanos somos portadores a través del lenguaje, y sin embargo lo real se mantendría real, no ordenado ni desordenado. Porque en lo real no falta, ni puede sobrar, nada. Sin embargo hay profundas razones económicas para meterse en este absurdo: sin este absurdo queda en evidencia que los fundamentos del orden capitalista no se combaten ni en los claustros universitarios, ni en la estrechez del consultorio. Es como realizar congresos para hablar de la gripe pero con la imposibilidad de hablar sobre virus.

Luego se despliega la consabida superficialidad psicoanalítica al intentar situar cuestiones sociales. Esta superficialidad es inevitable por lo difícil que es hablar de la sociedad sin cuestionar al capitalismo. “la declinación del orden simbólico no es un axioma del psicoanálisis. Los cambios se constatan en todos lados. En la actualidad hay otra idea de familia, otra práctica, otros conceptos. El de hoy es un nuevo mundo. La función del padre no es la de antes. Eso se dice desde la revolución francesa. No hay que olvidar que se le cortó la cabeza a un rey. Y que la revolución industrial es otro punto de inflexión. Es cuando se hace sentir el poder del capitalismo. Es lo que Karl Marx describió tan bien: hacer desvanecer lo que parecía inestable, inmóvil”.

Es notorio el intento de ser impreciso para contrabandear la falta absoluta de criterio. Por ejemplo, si algo se constata en todas partes, es un cambio que ha ocurrido en el lapso relativamente acotado de nuestras vidas (porque no constatamos el paso del paleolítico al neolítico) pero el párrafo se refiere a 1793, al promediar del siglo XIX (la revolución industrial), y al presente. Se menciona al capitalismo ¿para qué? Deudor de Poe esconde su limitación exponiéndola.

Se miente sobre Marx. No hay ninguna declinación del orden simbólico para Marx, todo lo contrario, Marx se propuso escribir, organizar y construir una organización que se dispusiera a derribar un orden simbólico. El orden del sistema burgués que separa a los productores de su producto y de los medios para producir no es real, ni más ni menos real que el orden feudal. Los burgueses (y Miller que es el líder de una multinacional lo sabe), suelen creer que el orden burgués es real, no simbólico. Miller no puede acceder al entendimiento de que la estabilidad o variabilidad de algunas instituciones bajo el capitalismo es un rasgo que (contradictoriamente) le da permanencia a las instituciones fundamentales: el código de propiedad y el estado. El capital no se apoya en la tradición sino en la forma mercancía, variable y equivalente. Pero no olvidemos que el mismo estado que garantiza el sistema mercantil, le otorga la propiedad y los beneficios económicos y excluyentes, sobre textos que él no escribió, que produjo otro: los textos de su suegro. Como escupir al cielo entonces.

Como su admirado Heidegger, vislumbra un problema cuya solución cuestiona sus privilegios de acomodado intelectual europeo. Heidegger escribió 102 tomos para escabullir las consecuencias anticapitalistas de su descubrimiento: que la escala de la devastación burguesa posible por la acumulación de capital amenaza aniquilar a la humanidad. Miller y su multinacional superarán esa marca.

“Porque la técnica se metió con lo real, eso que parecía fuera de nosotros”, asevera Miller. Una tontería, lo que se metió con el real es el nivel de acumulación, la escala de concentración del capital. Es la estructura del capital la que permite que semejante concentración de medios en pocas manos de manera de intervenir sobre la naturaleza de manera impactante

Para confirmar lo estrecho de este posicionamiento pequeñoburgués basta este otro párrafo que pretende mostrar los “cambios”: “Pasar de las guerras amables entre ejércitos a la destrucción masiva de poblaciones civiles…eso es imparable”. Un comentario que refleja la fiel administración que Miller realiza, como albacea, de un gaullista como Lacan. Jaques-Alain, brutalmente, repite las boludeces eurocéntricas como una verdad histórica. Seguramente las guerras de Argelia e Indochina fueron guerras amables (sobre todo de parte de los siniestros paracaidistas de su país), y la tremenda destrucción del continente africano, desde el siglo XV hasta hoy, para arrancarle esclavos no arrasó poblaciones civiles porque la distinción entre civiles y militares no se aplica a africanos. Y debe de ser así a juzgar por el silencio total que guardó Lacan y sus seguidores sobre la masacre de París, perpetrada a 500 metros de su mítico departamento de la calle Lille, en el año 1961 contra cientos de argelinos, a la vez que aburre la tremenda importancia que le otorgan al derrumbe de las Torres Gemelas a 5800 kilómetros. Entre yanquis y argelinos de París la distancia es 11600 veces más lejanas en términos reales, pero los argelinos estaban a una distancia mayor que los WASP neoyorkinos con respecto a los parisinos blancos: eso demuestra la vigencia del orden simbólico y no su declinación.

El atolladero de Miller es que pretende defender el régimen de máxima equivalencia (el capitalismo) desde una disciplina que postula la máxima diferencia subjetiva (el psicoanálisis) en la disyuntiva, elige al capital. Por eso es muy justo que se lo presente como el albacea de Lacan, el que maneja sus negocios. Un detalle que expone una verdad.

Nota: todas las itálicas son textuales del reportaje de la Revista Ñ del 26/5/2012.

En el año 2010 apareció en la revista de marxista “Optimismo de la voluntad” editada en el barrio de Boedo por un grupo universitario militante de la facultad de Psicología, este artículo polémico sobre la estructura del partido leninista y sus consecuencias. Lo reproducimos ahora en este blog como parte del debate sobre las estructuras organizativas que intentan promover el cambio social:

 

El GOM y la hipoacusia partidaria (la irreformable estructura del leninismo).

El GOM era un grupo de opinión, una de las posibilidades de “expresión” dentro de la “democracia interna” del Movimiento Al Socialismo. Las comillas aparecen porque si alguna de estas palabras hubieran tenido sentido, esta historia no hubiera sucedido. El GOM publicó, no sin las consabidas chicanas y dilaciones, el documento que acompaña estas líneas en un boletín de discusión para el Congreso partidario, que culminó en el estallido del MAS en el año 91. Pero antes del documento conviene hablar de sus autores. El grupo lo conformaban militantes de la regional capital, miembros de comisiones de propaganda e insertos en dos frentes sindicales (estatales y sanidad privada), casi todos eran o habían sido delegados de base, delegados generales, incluso el secretario general adjunto de la lista naranja de sanidad. Ninguno era o había sido un militante profesional (rentado) del partido salvo en algún breve y excepcional período.

Lo original del documento presentado era su carácter consecuentemente enemigo del aparato partidario. A 85 años del ¿Qué hacer? El documento planteaba aplicarlo a ultranza o abandonarlo. El resultado fue que sus integrantes abandonaron el partido (años antes que Vilma Ripoll apoye a los patrones del campo pero en la seguridad que tarde o temprano se llegarían a esas ignominias)

En el año 91 algo había pasado en el mundo y en Argentina. La URSS disuelta y los países del socialismo estalinista virando al capitalismo, el partido trosquista numéricamente más grande del momento envuelto en una crisis terminal y el peronismo retornado al gobierno y aplicando una política de liquidación de conquistas sin atenuantes ni oposición. Se quemaban los libros, y el GOM no hizo el mínimo intento por apagar el fuego.

El texto se sirve de la terminología y la tradición morenista pero incuba su muerte: el fin del partido de militantes profesionales. Obviamente que el destino de semejante propuesta no podía ser otra que la salida del partido (organización de profesionales de la revolución).

Lo interesante es que el documento no fue leído, ya que lejos de la proclamada democracia interna, como toda burocracia, la del partido trosquista estaba interesada en la rosca y los sillones.

Tiempo después algunos de los miembros de ese CC discuten con Holloway algunas de las cosas que ni siquiera leyeron hace 20 años. Eso no conlleva menoscabo hacia estas aperturas, sino que confirman la estructura mental cerrada que el partido de militantes profesionales dueños de la verdad genera. Guardianes de la tradición en lugar de buscadores de nuevas rutas a la revolución.

El GOM no propuso en ese momento lo que hoy se discute retomando el legado anarquista y las novedades que acercó el zapatismo mexicano, sino que proponía ir hasta el final con la democracia partidaria, esa democracia que se constituye en la zanahoria en la punta del palo que sustentaba la obediente actividad, Y si no se podía revolucionar un partido enfermo, había que irse afuera de la estructura partidaria (de esa y de cualquiera similar ya que justamente era esa estructura y no tal o cual línea la que se cuestionaba). La propuesta de una revolución partidaria

El GOM analizó certeramente la estructura del partido: “Las presiones sociales se vieron concentradas en el aparato partidario y lo fueron empujando hacia fines distintos a los del partido y la clase, desarrollando el aspecto negativo de su doble carácter. La relación de la dirección con el aparato, fue desplazando la relación de la misma con la base. Así la dirección orientó el desarrollo del aparato hacia la sustitución de las tareas del conjunto del partido. Ante la ausencia de dirigentes obreros probados desarrolló la Comisión Sindical; ante la despolitización de la vanguardia desarrolló la Comisión de Propaganda; ante la dificultad de obtener numerosas cotizaciones obreras porque no estábamos en las estructuras a fondo, desarrolló la Comisión de Finanzas. Con estas Comisiones se fue sustituyendo el conjunto de las tareas de los cuadros y los militantes y se rompió el régimen centralista democrático alejando cada vez más a la dirección de la base y por lo tanto de la clase.

Pero el aparato no son solamente los full-time-/ las comisiones especiales, sino también el manejo de los ingresos y las finanzas. El control de la base sobre el aparato se basa fundamentalmente en que es la base a través de su actividad militante cotidiana en la clase, la que lo sostiene financieramente. Es este control el que garantiza una línea y una política ajustada a las necesidades y realidad de la clase. Lenin afirmaba que un periódico obrero sostenido con centenares de pequeñas cotizaciones obreras era cualitativamente distinto a uno al cual cotizaran una decena de pequeñoburgueses o intelectuales. El primero estará obligado a dar respuestas a estos cientos de obreros; el segundo no.

En el caso de nuestro partido, los aportes extraordinarios que empezaban a ocupar un espacio cada vez mayor en las finanzas partidarias pegaron un salto con la conquista de las bancas parlamentarias en el ’89, deformando a tal punto el control político de las finanzas que han independizado al aparato del resto del partido. Si a Lenin le preocupaban una decena de fuertes cotizaciones pequeñoburguesas, imaginemos qué diría de la sustitución de tal vez, miles de cotizaciones obreras, por dietas parlamentarias abonadas por el régimen burgués y otras cotizaciones especiales. Hay que sacar estas profundas conclusiones cuando la DN nos dice: “Los ingresos que mantuvieron funcionando a la DN y el aparato central no eran esencialmente producto del trabajo político del partido, los aportes regulares y el cobro del periódico, sino el producto de cotizaciones especiales o campañas financieras. (…) Esta ha sido una de las razones que provocó que la DN montada en un aparato que se alimenta por sí mismo se alejara cada vez más de las actividades cotidianas del partido y de la lucha de clases. El aparato de la burocracia sindical escapa al control de la base con los descuentos compulsivos, el del partido escapa mediante la autofinanciación”.

El GOM veía el problema en quienes dirigían el partido pero no en casos personales sino en una crítica radical al partido leninista, en el que: “Esta dirección se ha formado y desarrollado como tal, fundamentalmente al interior del partido, en tareas internas del aparato y no en las luchas obreras. Los años que cada uno de sus cuadros lleva como full-time suman mucho más que los que ha tenido de estructuración obrera. Este elemento se ha transformado hoy en el esencial en relación a las causas sociales de la crisis: la vieja DN es parte integrante de ese aparato autofinanciado y por lo tanto ajeno a la base y a la clase. Estos compañeros hace 10, 15, 20 años que son full-time en el aparato a expensas de la organización, lo cual en sí mismo constituye un privilegio en relación al resto del partido y al conjunto de la clase. No estamos hablando de una casta enriquecida a costa del partido, sino de una situación privilegiada objetivamente distinta a la de cualquier trabajador que milita: no fichan tarjeta, no tienen patrón ni capataz, no los amenaza el riesgo permanente del despido, viven haciendo lo que les gusta, y rodeados de compañeros que también quieren y militan por la revolución. No dudamos de su abnegación militante, pero su actividad es menos sufrida que la del trabajador que la desarrolla bajo la férrea dictadura de la fábrica o que se reúne en el local después de 8, 10 hs de explotación”.

Lo que transformaba a los militantes en activistas erráticos era seguir las directivas de unos dirigentes que: “Han rechazado y resistido todo lo que iba contra su “imagen”, o sea contra su jerarquía de dirigente, y por lo tanto contra su situación de privilegio. No estamos planteando una cuestión de método, ni de disciplina a los organismos, sino un profundo problema objetivo: sólo su pertenencia al aparato puede explicar que cuadros que han orientado y escrito centenares de programa sindicales planteando el regreso periódico a la base contra la presión de los aparatos no hayan visto el mismo problema en el interior del partido y actuado en consecuencia”.

La tarea propuesta era ser consecuentes con el programa de transición y las tesis de la revolución permanente, al fin y al cabo se trata de un partido trosquista. Por eso sin llegar a vislumbrar la cortedad de miras que significaba seguir reivindicando un programa que la realidad desmentía y unos criterios de clase que la realidad mostraba como imposibles, el Grupo atacaba lo que sí veía como un absoluto impedimento: el aparato y sus dirigentes: “Esta reubicación social del partido debe acompañarse de un ataque frontal al aparato en el cual se concentraron y consolidaron todas las presiones. Esto significa destruir el aparato actual del partido y crear uno nuevo, al servicio de la clase y de la revolución. Las finanzas son el primer problema: un aparato que se autofinancia no es nuestro aparato. Queremos un aparato cuyas finanzas ordinarias sean el producto exclusivo de las cotizaciones y la venta del periódico. Queremos un partido basado en militantes profesionales, en militantes que dedican su vida a la revolución, sean full time o no. Los full-time del partido deben considerarse en el sentido que planteaba Lenin: sacar de las fábricas a aquellos obreros que “prometan” para darles la formación integral que requiere la revolución, y no para tener militantes que desarrollen unilateralmente alguna capacidad durante todo el día, como fue la política de nuestra última etapa. Los militantes que trabajen en tareas administrativas del aparato deben rotar, volviendo periódicamente a trabajar en un medio social “normal”. El aparato central debe reducirse al mínimo indispensable delegando la mayor cantidad de responsabilidades en las regionales, y mantener el criterio de un full-time cada 100 militantes, que lejos de ser una medida administrativa, es el control político necesario para garantizar que el crecimiento del aparato guarde una relación con el crecimiento de la base militante”

Finalmente el germen de la disolución estructural estaba planteado en esta única tarea central: “Rechazamos un plan gradual de reformas y afirmamos que toda la vieja DN debe ir a trabajar y dejar de dirigir. Esta es la “revolución” que el aparato y el partido necesitan yla DN “no sabe bien” como encarar”

El GOM afirmaba todavía entonces que “El bolchevismo está directamente relacionado con la estructura de clase, sus equipos son análogos a las comisiones internas, su régimen centralista democrático responde a las necesidades de la lucha de la clase obrera. En cambio la tendencia de los individuos dispersos es al movimientismo bonapartista como forma de lucha y organización”. No podía entrever desde dentro de la estructura partidaria que esa estructura y el bonapartismo no eran enemigos sino progenitores uno de otro.

¿Por qué el texto cuestiona la estructura militante y no el programa de transición y la teoría de la revolución permanente con todas sus predicciones erradas? Porque está escrito por militantes y los militantes escriben para la acción. En ese momento el grupo no podía elaborar un texto teórico sobre el marco teórico que proporcionaba el trosquismo. Pero podía medir la funcionalidad de la herramienta, y si la herramienta caducaba, consecuentemente la teoría también. Si no hay tornillos no funcionan los destornilladores. Pero hay algo más, un aparato de estas características impide pensar, no es hasta luego de quedar a la intemperie del aparato que se hace el lugar para nuevas preguntas.

El Frente de Izquierda, tuvo en octubre los mismos candidatos que postula hace 28 años y su campaña se centró en conseguir los votos para acceder al parlamento burgués, ambas situaciones que violentan la necesaria rotación en los cargos y la promoción de la desconfianza en los mecanismos del parlamentarismo burgués. El FIT demuestra en tiempo presente que es la estructura del partido leninista la que impide pensar gracias a una mezcla de asimetría, jerarquías, tradición y teleología: Al interior de los partidos hay diferencias de poder y saber, que se reproducen en forma de jerarquías apoyadas en una tradición inexpugnable (ningún fracaso en lo real conmueve a un bolchevique que “sabe” que la historia marcha a su favor). Tan profundo es el efecto de la estructura leninista, que los ex MAS que hoy leen a Holloway tuvieron que esperar a escuchar por boca de un catedrático anglosajón algo que mucho antes les habían sugerido sus militantes criollos.

Un pequeño texto extraído del comienzo de un libro de Andrés Romero, importante dirigente del MAS en el 91, lo aclara más. Dice Romero: “La implosión del “campo socialista” y la restauración capitalista en lo que desde el trotskismo considerábamos “Estados Obreros”, el acelerado agotamiento de los movimientos de liberación nacional en el llamado “Tercer Mundo”, las sucesivas derrotas del movimiento obrero organizado y los partidos de izquierda tanto en los países centrales como en la periferia y, más directamente, la crisis que en los años noventa estalló y desmanteló al MAS en el momento mismo en que aparecía como la organización más fuerte y dinámica de la izquierda argentina, fueron una seguidilla de acontecimientos imposibles de interpretar sin recuperar una capacidad autocrítica a la que se oponía la inercia de estructuras partidarias incapaces de autocuestionarse. Luego, la irrupción popular del 19 y 20 de diciembre de 2001, la crisis orgánica abierta en el país y la necesidad de participar activamente en el nuevo ciclo que se iniciaba me alejaron definitivamente de lo que había pasado a denominarse “nuevo MAS” al tiempo que impostaba una ortodoxia paradójicamente reñida con lo mejor de la tradición trotskista.

Más en general, diría que la rebelión popular me empujó a alejarme de la forma Partido (especialmente de su variante más difundida en la extrema izquierda, la sectaria) y también de ese “marxismo de derecha” que “se caracteriza por su adoración del pasado, considera a la teoría marxista completa y autoreferente, su actitud es defensiva antes que creativa y propositiva y, finalmente, es intransigente” (Acha, 2008: 144).

Queda claro como mencionamos al comienzo que la estructura partidaria “estamental” conlleva una sordera congénita. Que no permite pensar sino alabar y obedecer. Que genera (y aunque Romero no lo menciona es el eje de este texto) un menosprecio tácito por los inferiores en la jerarquía partidaria, e incluye teatrales mostraciones de seudo democracia para ocultarlo. El análisis del doble rasero aplicado a los dirigentes del MAS (y del cualquier estructura “leninista”) es una deuda pendiente para la camada que tome el relevo. Nosotros aportamos una tesis aún no desmentida: los pequeños (pero reales) privilegios de índole material y simbólica que estas estructuras generan. En la despedida del histórico dirigente del trosquismo morenista, Ernesto González, Nora Ciapone, otra dirigente histórica, dijo, entre otras cosas: “Porque Ernesto estuvo muy lejos de sentirse, actuar o vivir como alguien distinto a los trabajadores” A confesión de parte, relevo de pruebas, si eso puede ser mencionado como un mérito es, precisamente, porque es excepcional.

El menosprecio de otras opiniones es el cemento vertical de los partidos porque marca la diferencia entre los “dirigentes” y “la base”. Probablemente es tributaria de las románticas ideas burguesas de heroicidad, excepcionalidad e irrepetibilidad. Si la novela biográfica es una cumbre de la cultura burguesa, los partidos leninistas (con su sordera al militante común y a la producción colectiva) se esmeran dar tela para producir nuevas biografías edificantes.

El gran hombre, el dirigente, el “lucha toda la vida” parafraseando a Brecht, adquiere en las gnoseología leninista una relación privilegiada con la verdad: nunca se equivoca. O sí. Pero no lo puede reconocer, porque aunque no sean millonarios como Pedraza, como dice Gamerro: “Cuando te lamen la suela del mocasín da lo mismo que sea Gucci o Guido”

La epistemología es la ciencia de las condiciones de validez del conocimiento. Todos somos epistemólogos cuando decimos, por ejemplo, es la excepción que confirma la regla. Aunque no es correcta la traducción ya que la frase latina dice literalmente que es la excepción que prueba la regla. Prueba significa en esta frase que “pone a prueba”. Poner a prueba en el sentido que si hay excepción, no hay regla. Siendo la regla lo que prevé los sucesos futuros, la excepción la descalifica como regla. Eso es lo que decía un señor de nombre Popper y de ideas políticas muy conservadoras. Su teoría se llama falsacionismo. Otro epistemólogo más pícaro, Imre Lakatos, se dio cuenta de algo. Podríamos decir que interpretó mejor el proverbio, lo interpretó como lo hacemos en nuestra vida cotidiana: Para Lakatos, las excepciones (no todas) mejoran la regla. Es decir, las contingencias no previstas nos permiten sofisticar el pensamiento. A esto lo llama cinturón de hipótesis auxiliares. Y a lo que el cinturón aprieta, a la panza de la teoría la llama el núcleo firme. El hecho que un pesado avión no caiga al suelo no desbarata la ley de gravitación, pero hay que explicar las precisas condiciones de esta excepción (el ejemplo no es científico, pero sirve para ilustrar a Lakatos).

Como se puede entender fácilmente, ser poperiano es una forma de fanatismo estéril. Superficialmente lógico, para los poperianos puros, cada falsación derriba un mundo de sentido, lo empuja al terreno del relativismo, de la seudo ciencia, del capricho.

Cuando nos encontramos, entonces, con un enunciado, impugnar su valor de verdad reviste distinta importancia. Según peguemos en la panza del sistema (el núcleo duro) o en su cinturón (reclamando hipótesis auxiliares). Agrega Lakatos que el programa de investigación tiene una heurística, una forma de resolver sus anomalías, integrándolas.

Lo interesante de Lakatos no es su justificación de las anomalías, sino el testimonio de que hay algo que defender, y que si eso se cae, todo lo auxiliar del conocimiento (cinturón de hipótesis auxiliares y modo de producirlas) deja de tener sentido.

Varios meses antes de asumir el primer gobierno del peronismo encabezado por Néstor Kirchner, el país había comenzado a crecer. Los números lo atestiguan fehacientemente. Han pasado 9 años desde entonces, 9 años del modelo. La palabra modelo parece ser sinónimo de algo. Pero en realidad puede que no nos hayamos puesto de acuerdo en qué es eso que denota. O que denote lo contrario de lo que cada fracción gubernamental le hace connotar. Hasta que un hecho se transforme en anomalía insalvable, atraviese el cinturón de hipótesis auxiliares e inutilice la metodología de producción de las mismas.

Dejemos de lado la inhumana pureza. Nadie puede aspirar a la praxis y a la santidad. Preguntemos por la pervivencia del núcleo duro del modelo. Los defensores de la pureza se desbarrancan en producciones intelectualmente castradas como las de 6,7,8. Sacerdotes de la religión kirchnerista, ese conjunto divergentes de prejuicios, jamás se equivocan, jamás piden disculpas, jamás polemizan. Es lógico. Ninguna religión lo hace. Todas proceden como en la teodicea de Leibniz: este es el mejor de los mundos posibles porque es el mundo kirchnerista y el kirchnerismo no podría producir un mundo que no sea el mejor posible. De la tautología cristiana a la peronista sólo median 400 improductivos años.

La teología laica queda en manos de los intelectuales oficialistas de Carta Abierta que han elevado la palabra anomalía a argumento supremo. En lugar del rápido expediente de la negación, prefieren el sofisticado, diría Lakatos, de integrar las anomalías en el cinturón de hipótesis auxiliares.

Meses atrás ocurrió uno de los tantos episodios, repetidos en la última década, que mostraban que el transporte público de pasajeros y el ferroviario, fundamentalmente, estaba en estado de descomposición. Los profilácticos gubernamentales fueron a cubrir la envarada verga de Cristina y junto al duhaldista jefe de gabinete, acusaron a un dirigente de izquierda (el Pollo Sobrero) de provocar esos incidentes. No lo pudieron probar y nunca reconocieron la infamia. Meses antes otro activista de izquierda era asesinado por encargo de un dirigente sindical peronista que vivía en Puerto Madero, con la connivencia de la Federal. Producto de esas luchas pasaron a la planta ferroviaria miles de tercerizados que durante años de gobierno popular eran ninguneados. Para 6, 7, 8 nada de esto sucedió. Para Carta Abierta, seguimos en el terreno de las anomalías. Finalmente un tren de los tantos que circulan por el filo de la navaja, cayó del lado oscuro. No lo detuvo ninguna mentira del gobierno y se incrustó en el corazón de la capital de la república.

Ahora sí, vale preguntarnos cuál es el modelo, el corazón de la teoría k. Durante años el país tuvo crecimiento y el gobierno dinero. Por dar un dato, el dinero de los jubilados, el que manejaban antes las AFJP, lo invierten en empresas capitalistas. Dos de ellas son Clarín y (lo más importante para este argumento) General Motors, que además había recibido créditos blandos para ser salvada en la crisis del 2008.

Durante años los concesionarios de los servicios de transporte ferroviarios hicieron lo que quisieron, con el silencio kirchnerista que incluso, saltaba a la yugular de quienes lo denunciaban. Durante años el gobierno favoreció, impulsó, financió y festejó el aumento del transporte individual. Cada año se conmemoró el nuevo record de automóviles atestando calles intransitables, generando la mayor causa de muertes, contaminando el medio ambiente, agotando el consumo energético.

Cada año de los 9 años k se apostó al modelo del anárquico consumo de la clase media y de los negocios de los concesionarios.

Nueve años profundizando el modelo, chicanenado a los trabajadores del subte, a los luchadores de izquierda, poniendo plata fresca a disposición de los Cirigliano, los Rattazzi, apostando al transporte individual, contaminante, al embrollo y el accidente de tránsito, a la rentabilidad de las empresas y a la muerte y la incomodidad de los trabajadores. 9 años dejando hacer a los capitales sojeros hasta que los movimientos campesinos y sus muertos logran alguna visibilidad, lo mismo con las mineras, con la educación, con la salud. Nueve años de luchadores procesados y pibes gatillados.

Nueve años de crecimiento económico engordando a los Cirigliano no es una anomalía, sino el corazón del capitalismo. Ninguna hipótesis auxiliar, ningún estado querellante le va a devolver la vida a los 51 trabajadores que el gobierno no quiso cuidar. Ese tren se incrustó en el corazón del sentido que despliega la propaganda oficialista. No es un detalle, es el centro: crecimiento, peores condiciones para los trabajadores y engorde de los patrones: el modelo K.

Seguramente ahora el peronismo se desprenderá de Cirigliano, como lo hizo con Clarín, su pretérito aliado. El modelo capitalista de conjunto debe ser protegido aún a costa de algunos de sus integrantes. Es parte de la lógica del modelo, que tiene intacta su panza burguesa imposible de contener y disimular con cinturones cosméticos.

Eso sí, ya no es posible que lo defiendan los intelectuales críticos, ahora hay que profundizar la propaganda hueca de los epígonos y los palos. Más 6, 7, 8; más procesamientos, más barras bravas y más policía. De esto, los epistemólogos no tienen nada que decir.

Lo territorial es un término cuya presencia en el discurso social del siglo XXI es notoria, una presencia mas extendida que la poseía en el siglo anterior. Si dejamos de lado el uso snob y superficial que puede padecer el término, podremos advertir que algo nuevo viene a significarse en él. Y “lo territorial” nos conduce sin escalas al problema del estado. El territorio definía en nuestra constitución política de antaño un déficit de alguna capacidad, función, estatal. Los territorios nacionales (el último en transformarse en provincia de pleno derecho fue el de Tierra del fuego) eran porciones particulares del territorio nacional –valga la redundancia- con un déficit de instalación estatal.

Ahora bien, estamos en un período particular de la historia en la que se piensa el estado como una sustancia más o menos presente. Se debate en términos de más o menos estado, como si este último fuera un ingrediente homogéneo que abunda o falta. Difícil es pensar en estos términos pero para el capitalismo ha sido fructífero difundir esta versión.

De esta manera a la situación que desemboca en la crisis de diciembre del 2001 se le atribuye a un retroceso “del” estado. Pero la crisis fue provocada por la presencia crucial y determinante del “estado”. El estado no sólo se desprendió de empresas y delegó funciones (ya veremos cuales) sino que con férrea determinación mantuvo un protagonismo indelegable en la política monetaria, aduanera y represiva. La idea de un retroceso “del” estado no condice con la férrea estatalización de la política monetaria que implica el monetarismo, con la política estatal de impunidad y represión que garantizó que no hubiera venganza, sino una espera enmarcada en la justicia estatal, aún cuando esta nos defraudara espantosamente.

El estado es una máquina de separación y desposesión. Por eso sus engranajes fundamentales e irrenunciables son el banco central, las fuerzas armadas y la aduana. La ausencia de estado sugiere la inexistencia de estado burgués, y lo que estuvo ausente son sus apéndices. Que son optativos, razón por la cual se aclara si una escuela, fabrica, u hospital son “del estado”. No así del banco central o del ejército.

Los aspectos renunciables del estado, son aquellos dirigidos a la reproducción. La reproducción de la fuerza de trabajo que incluye la de los cuerpos y sus cuidados, pero también la producción de la subjetividad. Antes de instalarse el estado burgués clásico muchas de estas funciones las cumplía y atesoraba la iglesia (me estoy refiriendo a nuestro país) y el proyecto de una Argentina moderna incluía arrebatarle a la misma esas funciones y laicizarlas.

Podríamos imaginar esta recurrencia histórica como una mejora de calidad burguesa, de la iglesia al estado, y luego del estado a los patrones. Realmente el capitalismo ha ganado en el cambio. La producción de subjetividad ya no es patrimonio de la escuela en forma monopólica desde la omnipresencia de las TICs y los cuidados de las personas han caído en una tasa sin precedentes bajo la esfera mercantil. El estado deja estas esferas accesorias en manos de la circulación mercantil.

Lo paradójico de esta situación es que posee un lado oscuro. Los capitalistas no tienen otra estrategia que la depredación, de tal manera que –bajo el estandarte de las ventajas comparativas- abandonan estas funciones reproductivas en muchas zonas por resultarles de baja rentabilidad.

Esta es una definición posible de territorio, como aquella zona en la que el estado permanece con su función primaria (moneda y represión) pero ha abandonado su función reproductiva. Y no constituye atractivo (rentable) para los capitalistas ocupar ese espacio. El territorio se deja entrever en los emprendimientos: fábricas recuperadas, dispensarios-salitas de salud, bachilleratos populares, centros culturales.

En las zonas integradas al circuito sistémico, la educación, la salud y la producción se reparten entre el estado y los capitalistas. Siendo el primero el garante de la felicidad de los segundos. Allí no hay territorio. Pero no lo hay porque dónde la máquina desposesiva y separadora del capital funciona, no puede haber una integración “territorial”. La cohesión es monetaria (al menos es una forma de cohesión)

En los territorios esto no sucede. Lo territorial es la ausencia de implicación estatal (la saladita, la represión indiscriminada, la ausencia de salud y educación, el abandono de la fábrica).

Pero algo es notorio en lo territorial: no es un doble poder. El territorio no fue arrancado al estado, como una victoria de un ejército guerrillero. El territorio ha sido tomado del abandono, constituye una nueva creación. E incluye de por sí, una negación categórica de la representación.

El territorio es además una avanzada de la des homogeneización, en él funcionan otras lógicas que no se subsumen en la lógica de la representación (partidos políticos) ni de la pedagogía (escuelas), ni de la redistribución (sindicatos) o productiva (empleos).

Se puede medir la existencia de un territorio por el retroceso de sindicatos, partidos, escuelas, unidades sanitarias, y empleos heterónomos, dependientes de otro centro, aglutinado por el estado. O dicho de otra forma un territorio refleja la convivencia en una zona de un alto (variable pero alto) grado de autonomía.

Pero a la vez no las anula, sino que abre una verdadera diferencia, otro modo de pensar y actuar, que convive con el integrado. Allí si que “hay” comunidad y por eso no “tareas comunitarias”, porque si tareas comunitarias no es un pleonasmo, es interesante interrogar que significa el adjetivo “comunitario.

El territorio es entonces el resultado de una ausencia y no el recorte de una geografía, podemos decir que en algunas zonas conviven el territorio y la sociedad. En los territorios se plasma la necesidad de unir la vida y la reivindicación.

La Correpi, los bachilleratos populares, los centros culturales, las fábricas recuperadas, pero también el choreo, el contrabando, la saladita, los comedores populares territorializan. Y allí el estado no es añorado porque su rostro, que a la distancia se hace mas cristalino, es el una aparato que quita la autonomía.

Por lo tanto la territorialización de los sujetos y los colectivos sociales tiene incidencia política organizativa. Las concesiones del estado no performan de la misma manera en los accesorio a si mismo, que en lo central de su monopolio: no es lo mismo concurrir a una escuela estatal y luchar por su presupuesto (a pesar de la función reproductora, pero precisamente porque esa función puede ser la bandera a conseguir) que admitir la concurrencia de el aparato jurídico policial. Re aparece la diferencia entre lo propiamente estatal y sus apéndices anecdóticos. Confusión tan estimulada por el progresismo, que entiende en un estado burgués “bueno y activo” el non plus ultra de las “políticas emancipatorias”. Y por otro lado, dentro del sistema todo es separación y fragmento, entrar y salir de espacios, lugares asignados y definidos, pero sobre todo independientes entre si y unidos por la mano invisible de la ley del valor, por el contrario en el territorio la abstracción no se efectúa cotidianamente y hay algo de lo concreto acechando y uniendo los pedazos de la vida.

En el territorio la unidad de militancia y vida está ya ahí, mientras que en el sistema integrado, es uno de los problemas a resolver.

La defensa del gobierno “popular” suele apelar al pensamiento liberal. Sobre todo cuando el gobierno es cuestionado por izquierda, o sea cuando los cuestionamientos no son funcionales a su discurso.

Uno de los principales intelectuales oficialistas de Carta Abierta, Jozami, responde  un reportaje en La Nación del 7 de enero de este año (el “pasquín de los Mitre” vuelve a ser “tribuna de doctrina” cuando de apuntalar el “modelo” se trata) lo siguiente:

Plataforma 2012 asegura que en Argentina existe un pensamiento hegemónico, “un relato disciplinador y engañoso” construido desde el Gobierno con la ayuda de medios afines. ¿Qué opina al respecto?

La más somera recorrida por los principales medios gráficos, orales y televisivos revela hoy que en la Argentina existen todas las posibilidades para cuestionar al gobierno y discutir su versión de los hechos. La verdadera diferencia es que en torno al gobierno se ha estructurado un discurso coherente que enfatiza los cambios logrados, las tareas pendientes y la formidable constelación de recursos económicos y mediáticos que se oponen a este proyecto, mientras que el discurso opositor se ha revelado incapaz de reunir fuerzas en torno a un modelo de país. La indudable hegemonía ganada por el kichnerismo en el campo político y cultural no puede analizarse desde ninguna visión conspirativa sino que es consecuencia del consenso obtenido por una propuesta que, más allá de las carencias y críticas señaladas por Carta Abierta, muestra un horizonte de futuro para los argentinos.

Decir que existen “Todas las posibilidades de cuestionar al gobierno” es equivalente al abstracto todos somos iguales ante la ley. En los mismos días era visible como se reparten esas posibilidades. En la noche del 31 de diciembre tres militantes del Frente Popular Darío Santillán fueron masacrados en Rosario. El diario oficialista Página12 tardó tres días (hasta el 4 de enero) en publicar una noticia que, si es verdad que los derechos humanos son una bandera irrenunciable, era mucho más importante que el thriller del espía Soria y su mujer.

En esa tardía nota, el periodista José Maggi dedica la mayor parte a las hipótesis del poder judicial que colocan en el plano policial lo que es un hecho político. La otra parte reproduce las palabras del “diputado nacional y referente de La Cámpora Santa Fe Marcos Cleri cuestionó la “ausencia de compromisos con políticas públicas municipales y provinciales para reducir la brecha de la desigualdad”. (…) El legislador concluyó advirtiendo al socialismo provincial que “de una vez por todas desarticule aquellas estructuras y prácticas delictivas que terminan castigando a aquellos que menos tienen y en particular a los jóvenes, que gracias a las transformaciones llevadas adelante desde el 2003 a la fecha vuelven a creer en la política y la militancia como herramienta de cambio y justicia social”. Marcos Cleri tiene flamantes 30 años, se recibió en el 2005 de abogado, y antes de ser diputado nacional era gerente del Anses. De militante social nada, universidad y administración de fondos públicos.

Es el capitalismo. Cualquiera puede hablar si tiene los medios. Y los medios seleccionan a los que defienden al capital. ¿Ningún intelectual de Carta Abierta (o de Argumentos su hijo putativo) encuentra sospechoso el tratamiento oficialista? ¿Qué justificación encuentran para que sea La Cámpora la convocada a hablar sobre el hecho? ¿No es una manera burda de esquivar a la Correpi o al Frente Popular Darío Santillán, la agrupación que viene denunciando este tipo de represión y la agrupación a la que pertenecían los muertos? Cuándo para garantizar la expansión sojera del modelo matan a un campesino ¿No les resulta sospechoso que no hable el Mocase?

Creen esos intelectuales honestamente que hay voces altas (las propias) y voces bajas (las subalternas que silencian)

¿Los intelectuales pueden leer e interpretar los galimatías de Horacio  González y no huelen a podrido en esta frenética actividad para hacer de un grupo de funcionarios jóvenes y acomodados algo parecido a un militante?

Mientras matan a los suyos, a los agrupamientos anticapitalistas se los silencia y se hace hablar por ellos a los nenes de la gloriosa juventud kirchnerista, en tanto, los pensadores oficialistas repiten el dogma liberal de la igualdad abstracta. El modelo de cultura oficialista es un karaoke social, sobre la música del pejota el gobierno les pasa las letras y Carta Abierta y Argumentos se sienten Sinatra.

El asesinato de Carla Figueroa por el padredesuhijo–violador–esposo–asesino, Marcelo Tomaselli resultó, en principio,  un nuevo episodio tenebroso para las páginas policiales. Luego una ocasión para cuestionar al aparato judicial (que no es “la justicia”, así como los patrones agropecuarios no son “el campo”). Y a la vez para que añejos legisladores de sucesivas mayorías legislativas se vean obligados a cuestionar (en declaraciones a la prensa) la retrógrada figura legal del avenimiento.

A todas estas cuestiones le podemos agregar una más, quizás de carácter más estratégico. La soledad. Para que una situación tan siniestra suceda, no es suficiente la presencia de un violador asesino en busca de su víctima, no basta con los jueces que creen que derecho procesal es una materia que versa sobre la jurisprudencia sentada por el Proceso de Reorganización Nacional, tampoco alcanza con códigos penales cavernícolas. No es suficiente, no se llegaría a esta situación si previamente y durante muchísimos años, décadas, siglos, no se hubiera realizado un trabajo de orfebrería social para separar a las mujeres. No se trata de los derechos constitucionales, ni siquiera del acceso a las oportunidades, se trata de el insidioso confinamiento del campo de lo doméstico en esferas privadas.

Todos los seres humanos practicamos a diario el deporte de meter la pata. Algunas veces son pequeñas hazañas negativas, otras grandes. Pero muchas de esas situaciones en las que un impulso oscuro nos empuja a actuar contra nosotros mismos son contrarestadas por los otros. La red de amigos, colegas, familiares, vecinos que se complementan y contraponen nos abre un espacio de pensamiento y construcción que nuestra pequeña cabeza personal no lograría.

De tal manera que la evidente soledad en la que Carla Figueroa tomó sus decisiones no es un suceso de carácter individual, sino una construcción social. Una soledad edificada sobre la híper valoración de algunas actividades humanas y la desvalorización (social) de otras. En esa escala de valores lo abstracto, lo político, conecta y une, y lo concreto, lo doméstico, segrega. No son características propias de estas actividades, sino del funcionamiento del capital: lo abstracto es el reflejo especular del valor de cambio y de su fetiche el dinero. Lo doméstico es el lugar de reclusión del valor de uso, de la vida concreta.

El reflejo invertido de la domesticidad concreta que ha sido encerrada, es el mundo intelectual, analítico y abstracto, hiperconectado a través de decenas de encuentros, congresos, invitaciones. Carla, que no era una intelectual, estaba sola y sola murió. Sin red, sin otros. Los otros, en muchos de estos casos, llegamos tarde, llegamos cuando ya no es Carla sino un ícono, una abstracción.

Cuando abrimos el diario y vemos que la mitad de las páginas están destinadas a anoticiarnos de las ofertas de electrodomésticos, cuando recibimos los volantes que promueven envíos a domicilio y deliverys a cualquier hora del día, vemos como se promueve esta separación. Cuando los objetos mercantiles se reponen y no se arreglan. Cuando la obsolescencia programada, sustituye la pregunta por el funcionamiento concreto de nuestro entorno, por la demanda de condiciones de compra de otro objeto equivalente sustituto, cuando nuestro mundo encuentra soluciones en el consumo de mercancías y no en el compartir con los otros, cuando esto sucede una gran parte de la humanidad se queda sola. Rodeada de mas o menos objetos, pero sola. La comunidad. La sociedad. Las redes desaparecen y aparecen las equivalencias inhumanas.

La mujer contemporánea es una construcción funcional al sistema de mercancías, su debilidad es la debilidad del solitario. Soledad promovida por los objetos que llegan hasta ella. No se trata de desprenderse de esas actividades (de hecho las más humanas) sino de restituirlas en su entramado social. No la fabricación de mercancías que “alivien” el trabajo doméstico, sino de incluir ese trabajo en un lazo común, comunitario, social, que les devuelva el valor del hacer.

Ni avenencia, ni jueces machistas, ni sociedad complaciente. Pero si no queremos más Carlas asesinadas será necesario restituir al hacer su valor incorporando lo concreto al circuito compartido, un cambio que el régimen del progreso y el crecimiento no puede promover porque el progreso y el crecimiento son los nombres modernos de la separación y sojuzgamiento del hacer en el espacio interior y segregado de las viviendas .

Carla murió, en parte, porque las puertas de calle de nuestras casas son cada vez más gruesas y blindadas. Y lo peor no se encuentra afuera, con los demás, sino adentro……

El sujeto de la frase que define esta convocatoria es la palabra combinación. Y entonces cuál es el carácter de esta combinación podría ser el interrogante que nos convoca.

La referencia de distintos teóricos de la subjetividad a las figuras de la retórica no es otra cosa que la búsqueda de lógicas de una mayor amplitud productiva que la lógica formal. Lógicas no es isomorfismo sino funcionamiento, no la aplicación literal de la metáfora, como sentencia el polígrafo de Flores, Manuel Mandeb, no es “atribuir rigor científico a las comparaciones poéticas. Alguien dice: – El país es como una casa y hay que construirlo desde los cimientos. Si uno toma demasiado en serio esta afirmación, podrá seguir hablando de techos, paredes, puertas y ventanas, para terminar diciendo que nuestra salvación está en manos de los albañiles” sino la percepción de los ecos, de ciertas resonancias comunes tal como lo sugiere Deleuze.

Aquí estamos hablando, hablando es como se ordena un tratamiento, hablando es como se percibe el padecimiento mental, hablando se coordina un taller de arte. Es necesario admitir una lógica del lenguaje más allá de una lógica de razones. Justamente porque no sólo para la enfermedad mental, sino para la subjetividad toda, la cuestión es la particular forma singular de relacionarse que tienen el mundo y nuestras palabras.

Al presentarse en un taller de literatura un paciente realiza siempre la misma pregunta: ¿Qué van a hacer con esto que escribo? Y nunca escribe si no se le asegura que los textos no van a ser material de interpretación posterior. Ekl paciente, sabiamente sabe, que ya existen lugares para eso.

Sabiamente sabe es una figura retórica, ese llama pleonasmo, es una duplicación de sentido, como la publicidad que decía: blanco blanquísimo.

Asociado a esta situación de duplicaciones podemos utilizar una frase popular que puede ilustrar adónde apunta esta elección de orientarnos por la poética y no por la aritmética. La frase todo suma, que también tiene otra versión en más vale que sobre y no que falte. En términos poéticos estas frases tienen una figura que las representa: el pleonasmo, también llamada en otras perspectivas, como la lingüística, redundancia. Sin embargo sospechamos que lo redundante no suma sino que, en algunas ocasiones, resta. Que hace ruido. Esto sucede cuando efectuamos el pasaje desde los objetos a los sujetos.

Y esta particularidad nos obliga a aceptar pensar  procedimientos de distinto tipo entre los dispositivos de salud mental. Hay procedimientos de cantidad y procedimientos de sentido. Fácilmente distinguibles en las herramientas usadas por cada uno. Cantidades, resúmenes estadísticos, dosis, frecuencias, umbrales, cualquiera que haya utilizado el DSM-IV lo sabe. Pero estamos rodeados de procedimientos de cantidad y percibimos la limitación de su funcionamiento: las lista de los libros más vendidos, el sistema de citas en las publicaciones científicas (de dónde Brin y Page sacaron el funcionamiento de google, el más moderno procedimiento de cantidad) son testimonio de sistemas de algoritmos (o sea de operaciones innegablemente calculables). El dinero es el más masivo de los procedimientos de cantidad. Y si estos están por un lado, por el otro están los recursos del lenguaje, retóricos, interpretativos, testimoniales, etc. La retórica es un exceso de la sintaxis, el exceso que inadecuándose a la cantidad, precipita el sentido

Los procedimientos de cantidad, que responden primordialmente al arsenal de la ciencia médica, se relacionan con los procedimientos de sentido en la figura del encabalgamiento. Se llama así al efecto poético cuando la pausa del fin del verso no coincide con una pausa morfosintática (coma, punto) La frase queda a caballo entre dos versos. Donde el sentido (del verso) y la cantidad (del verso, su renglón) se arreglan entre sí, pero siempre al borde de la dispersión, siempre en forma singular.

Pongo un ejemplo de un poema de Borges, El tango:

¿Dónde estarán? pregunta la elegía

De quienes ya no son, como si hubiera

Una región en que el Ayer pudiera

Ser el Hoy, el Aún y el Todavía.

Que puede leerse de esta otra manera:

¿Dónde estarán?

pregunta la elegía de quienes ya no son,

como si hubiera una región en que el Ayer

pudiera Ser el Hoy, el Aún y el Todavía.

Según respetemos cantidad o sentido. La particularidad de esta figura es que si su relación interna entre sentido y métrica no es cuidadosamente trabajada, se anulan ambas: sentido y cantidad. Dicho en nuestros términos; si la relación ente la dosis farmacológica y el momento de producción de sentido no son consensuadas, no surge la novedad, el acontecimiento o la creación. En términos prácticos la relación psicoterapia e intervención farmacológica se encabalgan entre cantidad y sentido y si no es adecuada la construcción se pierden ambos. La relación, la combinación, entre ambas, debe ser creativa, no jerárquica.

Sin embargo es necesario destacar otra relación retórica. La que sucede entre psicoterapia y creación artística. Ambas pivotean sobre la pulsión pero la primera en términos de elaboración singular en la asociación, y la segunda de circulación social de su detenimiento. La pulsión se encuentra en el centro articulando dos intervenciones de sentido de carácter contrapuesto, por eso la figura que explica su relación es el oxímoron. Cuando digo brillante oscuridad no se anulan mutuamente, sino que crean otra cosa. No la suma algebraica de negativos y positivos que se anularían, sino la figura de construir en la oposición. En resumen la intervención farmacológica se encabalga con las de sentido, y a la vez estas (talleres y psicoterapias) producen salud en la figura del oxímoron.

Por último tenemos que la actividad artística es un final afortunado de un intento cuya sola apuesta ya es favorable al sujeto. Aún si no alcanza su destino sublimatorio, la actividad autoregulada es saludable para el sujeto porque los objetos son, naturalmente, heteroregulados. Y allí es dónde podemos ubicar no ya los giros de la poética sino la poética misma: aquella acción que rehúye el lugar común para apostar, en palabras de García Lorca, a la unión de lo que nunca se supuso que pudiera juntarse. La figura que lo expresa es la paráfrasis, esa renovación del saber social hecha por cada uno y creadora de una nueva riqueza semántica.

Pero la paráfrasis es la más adecuada, y la única formulación del como sí, del que actúa como escritor pero, quizás, no escribe, encontrando en ese ropaje de artista un lugar acogedor. El como sí no es un uno frente a uno mocho, ni uno frente a dos, es algo que toma su valor del parecido y la diferencia a la vez. El que quiere celeste que mezcle blanco y azul, no es ni parecido que decir el que quiere naranja que mezcle roo y amarillo. La segunda no evoca nada, no es un ropaje de refrán, un como sí de dicho popular.

Quisiera además señalar que es el sistema capitalista en su característico y constante efecto de separación (entre productores y sus medios, entre el uso y el cambio, etc.) es el que fomenta en la vida cotidiana la abusiva presencia de una última figura a la que nos vemos enfrentados: la paradoja y sus efectos de padecimiento subjetivo, el sufrimiento de vivir en una sociedad paradojal. Entre tantas separaciones nos vemos separados de nuestras limitaciones, sin limitaciones estamos sumidos en un universo de infinitas posibilidades, y las infinitas posibilidades se contradicen entre ellas, por mencionar dos ejemplos: sumar un auto más al tránsito y quejarse de lo atiborrado que está de automóviles, sufriéndolo en forma voluntaria porque el auto lo adquirimos por propia voluntad, ó se extiende la esperanza de vida y se aborrece tener años encima, todo a la vez, de lo que es un patético ejemplo la Duquesa de Alba.

Rechazos a la redundancia pleonásmica, intervenciones encabalgadas u oximorónicas, recursos a la parafrásis, sufrimientos paradojales. Esta es la construcción poética de la salud mental, que va mucho más lejos en su construcción que el pequeño mundo de la lógica formal y razones.

(texto preentado en la 13ª Jornada de Fundación PROSAM: “Combinación de tratamientos para el abordaje de pacientes complejos” 19 de noviembre de 2011)